China, un poder blando que somete a Europa
Donald Trump se encuentra con Xi Jinping en territorio chino por segunda vez, la anterior ocasión fue en 2017. Aunque desconocemos el detalle de la agenda real, ha trascendido que hablarán de la inteligencia artificial, de los microchips, del comercio internacional y de los minerales críticos, así como de la guerra de Irán, del uranio enriquecido que posee y se niega a entregar y de la normalización del tránsito por el estrecho de Ormuz.
Nuestro continente, en una ocasión más, aparece como un mero observador del diálogo y de unos acuerdos que seguro nos afectarán de lleno. En Europa hemos dejado de escribir la historia tras numerosos siglos de hacerlo y ahora otros nos escriben las reglas y condicionan nuestro destino debido a nuestra dependencia de los grandes hegemones.
Hoy me centraré en nuestra creciente relación con China. Europa mantiene una dependencia significativa, y en algunos casos muy alta, de China en varias de las materias primas que son consideradas como estratégicas, sobre todo aquellas imprescindibles para seguir desarrollando las inversiones para culminar la transición energética. A veces se comenta que parece que los planes de transición de la Unión Europea han sido inspirados por la inteligencia china que logra el encaje casi perfecto de nuestra demanda industrial y comercial con la oferta que la industria china tiene preparada par nosotros los europeos.
