Estado de guerra, híbrida, con Marruecos
La entrada masiva de 80.000 invasores en la ciudad española de Ceuta el pasado julio, representa una escalada cualitativa y cuantitativa respecto a la crisis de 2021. Un flujo de personas que saturó en menos de 12 horas todos los sistemas de seguridad, acogida y servicios públicos de salud, generando un colapso operativo sin precedentes.
El ex Comisario europeo Thierry Breton afirmó que «Ceuta no es una crisis migratoria. Es una operación” y que “cumple todos los requisitos de un ataque híbrido” pidiendo a Bruselas investigar su origen, mediante la normativa de servicios digitales. Tal es la magnitud de lo ocurrido, que la Audiencia Nacional está ya investigando la entrada masiva de invasores en Ceuta como un acto de «guerra híbrida». Los documentos desclasificados prueban que el CNI avisó al Gobierno, a la Policía, a la Guardia Civil y a la Inteligencia de Marruecos.
El episodio cumple de manera más nítida y ambiciosa las mismas características identificadas en la invasión sufrida en el año 2021, es decir, la multidimensionalidad, la ambigüedad deliberada, la explotación de vulnerabilidades, la coerción migratoria y la orientación a objetivos políticos y territoriales, todo ello enmarcado en una alta interdependencia geoeconómica entre dos países vecinos y presuntamente aliados, como lo son España y Marruecos.
