Ormuz, el Dilema de Malaca y el orden mundial

En un escenario cercano a alcanzar un principio de acuerdo para reabrir el Estrecho de Ormuz, la Geoeconomía mundial entraría en una fase de reequilibrio temporal del flujo energético. Su apertura aliviaría las presiones sobre los precios del crudo, beneficiando a los importadores netos como China, Europa, India, Corea del Sur, Indonesia, Filipinas y Japón.

Un final del conflicto en el Golfo Pérsico no eliminará todas las tensiones subyacentes por el control de las rutas marítimas críticas, sino que podría incentivar a los principales actores a desplazar en el medio plazo el foco de la disrupción hacia otros cuellos de botella.

Es más que posible el traslado de la tensión a Malaca, una evidencia de que la verdadera estabilidad geoestratégica requiere no solo de una diplomacia bilateral, sino de una verdadera arquitectura multilateral de seguridad marítima que incluya a los principales usuarios de estas rutas, es decir China, India, Japón, Europa y los EE. UU bajo unas reglas claras de navegación. De lo contrario, la geoeconomía mundial permanecerá vulnerable a la militarización selectiva de la geografía por parte de los actores clave, ya sean estatales o no.

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